inchala charrúa / hermano charrúa

charúa chonik /charrúa nosotros hombres

na mar / traer mucho

it sepe /fuego sagrado

basquadé inchalá / levántate hermano

guaroj / con mano cerrada

Por primera vez en 173 años  en Uruguay plasmaron en forma de canto y poesía palabras charrúas, guenoas, chanáes  –  que estuvieron despreciadas, ignoradas, olvidadas, – sino dispersas e inconexas -. Sólo la historia puede significar la dimensión de este evento. Alude a una nueva sensibilidad uruguaya , inesperada emergencia de la dictadura hace cuarto de siglo.

Las tres nombradas al inicio, junto a minuanes, yaros y bohanes,  integraban una media docena de pedazos de culturas sobrevivientes, coligadas para resistir mas de 300 años de invasión europea y exterminio y de coprotagonizar la gesta independentista liberadora que encabezó  José Artigas.

Una década después de  ser destruida la revolución que había buscado  dar a los indios “el principal derecho” –  con justicia social reparadora de siglos de invasiones genocidas – se culminó el etnocidio y culturicidio de los indígenas artiguistas,  en los primeros meses de la República Oriental del Uruguay,

Se masacró a la mayoría y esclavizó a los sobrevivientes,  en operativos gubernamentales cumplidos desde abril de 1831 en la zona del arroyo Salsipuedes , centro-norte del país.

Fue inombrable la palabra “Artigas” durante el primer medio siglo del pequeño estado oriental del Río Uruguay. Y ser indígena charrúa, o próximo,  era mala palabra, sino condena a muerte.

Contados combatientes sobreviventes de Salsipuedes se habían escondido en pozos y enramadas, protegidos por familias hermanas en la vecina provincia argentina de Entre Ríos. Los localizaron con perros y los degollaron, como habían venido haciendo  durante siglos con todo varón indígena mayor de 12 años que persistiese vivir en comunidades de sus culturas originarias.

 

Cruda Historia Oficial

Se inventó luego, sobre fines del siglo XIX , un falso Artigas de bronce y se romantizó sobre un charrúa imaginario  y mítico, privado de sus atributos culturales. Se instauró una perversa y mentirosa prehistoria, racista,  eurocéntrica. Se negó y rechazó la valía  de “otros” que no fuesen antepasados “descendientes de los barcos”. Se asumió de hecho la primer mentalidad de los invasores hace 500 años: los habitantes de estas tierras no eran humanos o a lo sumo solo eran seres despreciables. No solo se usó  el motete  “primitivos” , común a la visión occidental dominante hasta hace poco y que ahora se  revisa en el sentido de que ni hubo ni hay  tales “primitivos” sino diferentes culturas humanas.

En su  texto escolar Etnología salvaje. Historia de los Charrúas y demás tribus indígenas del Uruguay”, el Inspector de Enseñanza Primaria  Orestes Araújo desde 1911 dejó escrito una de las bases de la historia oficial. Sostenía que esos indígenas ” …eran esencialmente guerreros, turbulentos, vengativos, crueles y falsos.” En las 140 páginas del librillo repite unas diez veces su tesis de una  “notoria inferioridad mental” de  los  aborígenes. “Los naturales de Uruguay se encontraban en un grado de inferioridad tan evidente que deben colocarse entre los pueblos más atrasados de América (…)  la prueba de ello la encontramos en que casi todos los autores (Félix de Azara, General Antonio Díaz, etc) están de acuerdo en que los charrúas no tenían ninguna divinidad, no tenían religión.”

Así durante más de siglo y medio se validaron las afirmaciones del ingeniero militar español Félix de Azara, reputado como “sabio” en  esta historia oficial uruguaya. (Se publicó en París en 1808 la primer versión de su obra mas importante, Voyage dan l¨Amerique Meridional )., Recien en 1953 se levantó un  reclamo de imperativa revisión por parte de Lauro Ayestarán, afamado musicólogo que descubrió referentes musicales charrúas hasta el temprano año  1531.

“Desde que la República Oriental comenzó a tener conciencia de su historia, se ha venido repitiendo – escribe Ayestarán- con un empecinamiento casi diría ejemplar, que  nuestro indio charrúa ignoraba los misterios estremecedores de una débil caña soplada con dulzura, de una cuerda pulsada con destreza, de un parche o de una madera batido a un ritmo exacto, de una garganta, en fin, que sirviera para otra cosa que para una gutural inflexión de primario lenguaje o un bronco grito de ancestral barbarie guerrera.(…) Dice Azara que los charrúas “no conocen ni juegos ni bailes, ni canciones, ni instrumentos de música, ni sociedades o conversaciones ociosas”.

Tal falta falta “de sensibilidad antropológica, al lado de tantas virtudes de seriedad científica que lo adornaban – agrega Atestarán sobre Azara –  se evidencia en estas palabras que dedica a los charrúas: “Han tenido el mismo maestro de lengua que enseñó a lo perros a ladrar de la misma manera en todos los países”.

 

Inesperado efecto de la dictadura

La recuperación uruguaya del verdadero artiguismo comenzó vacilante a cien años de su muerte y se enriqueció entre los años 1960-1970. Pero no emergieron hasta el ultimo cuarto del siglo XX algunas facetas esenciales, como el carácter multiétnico y multicultural de su revolución y la propia decisiva educación de Artigas dentro de lo que sobrevivía de las culturas originarias.

Fue la  dictadura en Uruguay que alentó sin proponérselo la ganancia histórica del comienzo de una nueva conciencia uruguaya. El régimen cívico-militar 1973-1984  intentó en Uruguay un culturicidio con rasgos de genocidio.

Por un lado, clausuró o censuró no solo la información, sino la libertad de cátedra, de aula, de reunión,  no únicamente la de opinión o gremial sino hasta la deportiva, festiva y familiar. Impidió el libre acceso a bibliografía, clasificó por categorías de control y sospecha a toda la población. Dejó sin trabajo a muchos, llevó a las cárceles y torturas y hasta la desaparición y la muerte. Separó tambien niños de sus madres antes de matarlas.  Expulsó u obligó  a irse del país. Obligó a muchos a buscar escondites. Planteó hasta el aislamiento y cerco público de los familiares de sus víctimas desaparecidas o torturadas o encarceladas o escondidas o exiliadas. Impuso  programas, textos escolares y liceales con silenciamientos y deformaciones de todo tipo.

Esa tragedia tuvo otra cara. Susitó la experiencia colectiva de sacudimiento, estremecimiento, sufrimiento, en cada conciencia. Alumbró primero en intimidad una percepción más intensa del significado, la dimensión del desprecio estatal a “El Otro”,  al  diferente por su cultura, raza, religión, ideas, rasgos o hábitos sexuales, de vestimenta y hasta del tipo de corte de pelo, bigote y/o barba.

Desprecio – conviene no olvidar-  que siempre fue  unido al voluntarismo activo y sistematizado desde ese Estado para perseguir, obligar, coaccionar, intimidar, forzar, manipular sino ejecutar.

Fue así que muchos uruguayos desde sus dolores, rabias, silencios forzosos empezaron a reflexionar sobre estos temas con una fuerza y autenticidad sin precedentes.

¿Cómo había sido  posible que nos envolviese una tal tragedia?, se preguntaban.

Fue entonces que  por primera vez se carcomió,  con efectos retroactivos, el alto prestigio que había adquirido , durante el previo y largo estado de bienestar democrático,  la autoridad estatal, burocrática, leguleya, magisterial, académica.

Se encararon críticamente no solo los habituales textos oficiales impuestos por la dictadura, sino todos, también los anteriores , de cara a la corta historia nacional, llegando a las raíces, hasta la traición a Artigas y el exterminio de su tribu en Salsipuedes.

 

25 años de repechaje

Se inició un trabajoso repechaje, que ya lleva cuarto de siglo. A comienzos de los 90 se vió favorecido por los contrafestejos de los 500 años del inicio de los genocidios en las Américas. Cuando emergió una  movilización indígena, negra y popular, rechazando las celebraciones del «descubrimiento de América» y de la «evangelización fundante» que las potencias del Norte y la jerarquía católica pretendían imponer, movilización que  rechazaba el «punto de vista» a partir del cual esas celebraciones se habían planeado, el de los conquistadores de ayer y de hoy, como reflexionara el filósofo y teólogo Giulio Girardi, sin olvidar lo que ocurrio en Brasil en el 2000.

Fue en este camino inconcluso que este año vimos por primera vez en un congreso literario regional  realizado en salones de la Intendencia Municipal de Montevideo – 5º Encuentro Internacional aBrace – presentar poesía en charrúa, guenoa y chaná, además del más conocido guaraní, quichua o nahuatl.

Los textos se editan también por primera vez en un libro – Antología multilingüe “Letras de Babel 2“.

No solo llegaron hasta nosotros , conmovieron y arrancaron ovación aquellas enseñanzas del ” mismo maestro de lengua que enseñó a lo perros a ladrar de la misma manera en todos los países” .El programa de una Fiesta de Babel ,  ademas de Letras que nos traen sonidos nativos , con Gonzalo Abella, Rosita Albariño, Daniel Dellazuana, Alejandro Vargas, ofreció canciones, música, danza , a través del grupo Basquadé Inchalá con el referido Alejandro junto su esposa Monica Michelena y varios otros miembros. Más recientemente, comparti con ellos una primer Semana de Culturas Originarias, donde desplegué un repaso de esta emergencia “Descubrir Salsipuedes: nueva sensibilidad en Uruguay”.-

 

Referencias:

Letras de Babel 2, aBrace, Montevideo-Brasilia, 2004, Bianchi editores (bianched@adinet.com.uy) Ediçones Pilar (pilaredi@ig.com.br) de cuya pag. 206 cite en el acápite de esta columna el ultimo párrafo de “Inchala Charrúa” de A. Vargas (basquade@adinet.com.uy) hueguidai@clavis.com.ar http:www.abrace1.com ;